lunes, 29 de julio de 2013

Mío


Dignísimo cuantas cosas me encantaría decirle pero usted sabe como soy, me caen como sirenas al oído las palabras, como basura al olfato los Partidos y como espejo para los ojos los reflejos. Quizás tan solo saluda a tu cuerpo y enmudece pues lo desprecias. 

El cuerpo es una gran razón, una enorme multiplicidad dotada de un sentido propio, guerra, paz, rebaño y pastor.Tu pusilánime razón, Dignísimo mío, es también, un instrumento de tu cuerpo, y a eso llamas espíritu: un instrumentillo, un juguetillo a disposición de tu gran razón. 

Más razón hay en tu cuerpo que en tus pensamientos, piénsalo Dignísimo, pues quizás si lo dejas para el invierno puede que sea demasiado tarde, o más bien, puede que la manifestación de la venganza sea tremenda

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