jueves, 14 de agosto de 2014

"Sobre la entropía y las sin maneras"


Insistían en enseñarme geografía, mapas, mares y océanos, puntos cardinales, rosa ventosa, latitudes, longitudes, tundras y otras macumbas.

Un día pregunté a un espejo -y sigo buscando cada mañana al levantarme- para qué tanto fastidio si jamás me encuentro, me desconozco, no te hallo, ni sé quién eres.

Jornada tras jornada me entrego al vacío dominio de mi cuerpo; no me siento, no te siento;
observo a otros seres con mi sangre impactados por el ineludible paso del tiempo, sentenciados por todo este espacio que ninguno de nosotros observo venir, en lo personal pienso que esto no debería ser así, es decir, se pierden un sin número de fenómenos que naturalmente no volverán a ocurrir; se me hace la imagen de una persona gritándolo desde el balcón de su habitación hacia afuera, pero desde allí no tiene respuesta alguna. Y creo que esto tiene un falsa verdad al ser relatado de esta manera, lo digo porque tiene una muy fácil pero estúpida ingestión, pero como todo, a nadie le interesa lo "más allá del sabor". Ahora, la digestión se hace azul, lo que trama éste desenlace es increíblemente no "dimensionable", lejano y violento, llevaría a la exposición de mis propias vísceras la lucha que emprendería por salir de aquél.

Lentamente me entrometo entre tus brazos, y me digo a mí mismo que aquél abrazo antes de partir bastará hasta solamente el próximo.

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